Máquinas como yo – Ian McEwan

Traducido de «A very Modern Menage a Trois» («Un trío demasiado sofisticado») reseña de Alex Preston, publicada en The Observer el 22 de abril de 2019.

El año es 1982 aunque no es como lo recordamos. Los mineros británicos han ido a la huelga, los números del desempleo están por la nubes y los titulares de los periódicos británicos se centran en la beligerante postura de Margareth Tatcher con respecto al tema de Malvinas. Como en las mejores novelas contrafactuales – y esta es una de ellas al igual que “Patria” de Robert Harris o “La conjura contra América” the Philip Roth – en “Máquinas como Yo” sobresalen tanto las continuidades como las distorsiones de la historia tal como la conocemos. En este 1982 alternativo, Inglaterra ha sido humillado en la Guerra de Malvinas (y ese detalle – tan imposible aún en la imaginación – me valdría la lectura del libro) con más de 3000 soldados muertos en el conflicto y una triunfante  dictadura militar en Argentina, Lennon y Kennedy (EL Kennedy) siguen vivos y la dama de hierro ve seriamente amenazado su lugar al frente de Downing Street.

Todos estos cambios no están allí nada más que para reforzar la tesis del libro, expresada por el narrador, un tal Charlie Friend, a mitad de la lectura, “El presente es el más frágil de muchas probabilidades. Podría haber sido diferente”. Pero la alteración más relevante que introduce McEwan está relacionada con Alan Turing. Lejos de haber sido inducido al suicidio desde las esferas del poder por su homosexualidad, McEwan hace evolucionar a Turing como el cerebro detrás de una evolución tecnológica que convierte al Reino Unido en una  nación caracterizada por sus extraordinarios avances. Las calles del Sur de Londres están pobladas por coches autónomos, mientras que los ordenadores y los teléfonos móviles poseen, a principios de los 80´s, una tecnología más adelantada que los que tenemos ahora. 

A esto se suma que, las investigaciones de Turing han hecho posible que se desarrollen androides similares a los humanos que los idearon.  En este escenario conoceremos a Charly, el protagonista, quien se gana rápidamente la simpatía del lector aún a pesar de nuestras sospechas de que no es sino un completo inútil. Tras heredar una considerable suma de dinero, Charly decide comprar uno de estos humanos sintéticos, un varón llamado Adán. La llegada del androide derivará en un triangulo amoroso entre el robot, Charly y su vecina del piso de arriba Miranda ( nombre que hace referencia, como muchos otros detalles del trama, a “La Tempestad” de Shakeaspeare). Esta relación asimétrica se convertirá en la fuerza detrás de una narración llena de dinamismo.

En definitiva, “Máquinas como yo” trata acerca del  poder de las novelas. En un punto de la historia, Charlie se da cuenta que los libros definen la opinión que tiene acerca de su robot.  “La imaginación acerca del futuro se ha revelado antes en las novelas que en la historia o en los avances tecnológicos” asegura el personaje.  Asimismo, esta obra refleja en su forma,  la incomparable sutileza de la mente humana. Lo que McEwan nos está diciendo es que la literatura todavía tiene la capacidad de lograr algo que los robots no pueden: Erigirse en un recuerdo heroico de nuestras imperfecciones para celebrar aquellas fallas que nos hacen humanos.

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