La Condesa Sangrienta – Valentine Penrose

La condesa Sangrienta

La editorial Wunderkammer destaca por el cuidado que pone en sus publicaciones: reivindicando el libro como verdadero objeto de culto. Y no se trata solo de palabras, pues cada ejemplar se imprime artesanalmente, usando carácteres de plomo en una vieja máquina Minerva como se observa en este video. La tipografía esta creada especialmente para esta editorial. Las ilustraciones también están seleccionadas cuidadosamente. El resultado es una edición preciosa, como la de su último lanzamiento: La Condesa Sangrienta.

Alrededor de esta aristócrata húngara del siglo XVI se tejió una de las leyendas más morbosas de la Edad Media. Se dice que asesinó a algo así como 600 doncellas en su castillo para bañarse con su sangre. La historia contiene todos los elementos para atrapar la imaginación de los lectores: Una mujer hermosa, un hábito peculiar y, por supuesto, mucha sangre. No es extraño que una de las grandes poetas argentinas también se haya interesado. «La condesa sangrienta» de Penrose también sinspiró una de las obras de Alejandra Pizarnik, cuyas primeras líneas ofrecemos a continuación.

«La condesa Sangrienta» de Alejandra Pizarnik

«El criminal no hace la belleza;

él mismo es la auténtica belleza». – Sartre

Valentine Penrose ha recopilado documentos y relaciones acerca de un personaje real e insólito: la condesa Báthory, asesina de 650 muchachas. Excelente poeta (su primer libro lleva un fervoroso prefacio de Paul Eduard), no ha separado su don poético de su minuciosa erudición. Sin alterar los datos reales penosamente obtenidos, los ha refundido en una suerte de vasto y hermoso poema en prosa. La perversión sexual y la demencia de la condesa Báthory son tan evidentes que Valentine Penrose se desentiende de ellas para concentrarse exclusivamente en la belleza convulsiva del personaje. No es fácil mostrar esta suerte de belleza. Valentine Penrose, sin embargo, lo ha logrado, pues juega admirablemente con los valores estéticos de esta tenebrosa historia. Inscribe el reino subterráneo de Erzsébet Báthory en la sala de torturas de su castillo medieval: allí la siniestra hermosura de las criaturas nocturnas se resume en una silenciosa palidez legendaria, de ojos dementes, de cabellos del color suntuoso de los cuervos. Un conocido filósofo incluye los gritos en la categoría del silencio. Gritos, jadeos, imprecaciones, forman una «sustancia silenciosa». La de este subsuelo es maléfica. Sentada en su trono, la condesa mira torturar y oye gritar. Sus viejas y horribles sirvientas son figuras silenciosas que traen fuego, cuchillos, agujas, atizadores; que torturan muchachas, que luego entierran. Como el atizador o los cuchillos, esas viejas son instrumentos de una posesión. Esta sombría ceremonia tiene una sola espectadora silenciosa.

Pizarnik es una de las grandes poetas argentinas, cuya temprana muerte dejó a medias una obra de gran potencia. Su visión de la condesa húngara complementa de manera maravillosa el relato de Penrose. En el siguiente link se pueden leer extractos de este verdadero catálogo de horrores, que se cierra con estas líneas.

«Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzo, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible.»

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