Sobre el fuego – Larry Brown

Traducido del artículo «On Fire Makes Bad Habits Sound Very Sweet», de Dwight Gardner, publicado en The New York Times en junio de 2017.

El escritor nacido en Mississippi, Larry Brown, nunca fue a la universidad y en su lugar se alistó en la Marina. Al volver consiguió trabajo como conductor de gruas y camiones hasta que en 1973 se unió al departamento de Bomberos. Allí permaneció durante 16 años.

En algún momento durante ese tiempo comenzó a escribir historias. “La escritura fue como una bola curva que nunca ví venir” asegura en “Sobre el fuego” su libro de memorias, escrito en 1984.  “ Suena inusual, incluso estúpido decir frente de alguien “voy a convertirme en escritor. Voy a aprender como escribir un libro”. Sin embargo, yo le dije eso a un buen amigo mío, unos 12 años atrás, estábamos pescando en un pequeño lago, y él no se rió”.

Brown perfeccionó su arte robándole horas al trabajo, también en sus días libres, hasta que llegó a convertirse en algo más que un buen escritor. Sus mejores trabajos se destacan por una prosa tan contenida como potente, que deja al lector con  una sensación de pérdida. A su vez, una cierta elegancia sobrevuela cada una de sus historias. En ocasiones se lo cataloga como un escritor de Grit Lit (Literatura de la America Profunda), al igual que Alan Heacthcock o Tom Franklin, pero estas etiquetas  suelen ser muy lábiles y se caen al primer soplo de viento Gótico Sureño

“Sobre el fuego” refleja como nadie a la clase trabajadora norteamericana, tanto sus recompensas como sus frustraciones. Sus páginas están repletas de suciedad, humor y aquellos pequeños detalles del día a día en un cuartel de bomberos. También hay lugar para emocionarse con el recuerdo de heroicos actos de coraje y camaradería en la línea de fuego. Una verdadera puerta de entrada para aquellos que quieren saber de qué se trata esto de leer.

En algunos capítulos Brown se refiere a su vida en el campo, compartiendo su tiempo con arañas, coyotes, ratones y garrapatas

“En algún punto llegamos a pensar que íbamos a tener que quemar la casa para librarnos de las garrapatas. Nos hacían sentir como si fuéramos personas de una clase inferior, aunque sabíamos que no era nuestra culpa. Cuando teníamos invitados estábamos todo el tiempo girando el cuello para controlar que no hubiera ninguna caminando por ahí”.

Pero el libro se detiene especialmente sobre el autor y sus compañeros bomberos adentrándose en un trabajo que implica enfrentarse a siniestros incendios y terribles accidentes de coche. Así mientras acuden una emergencia, Brown repasa las lecciones sobre cómo actuar ante lo que sea que se vaya a encontrar:

“Quitar el coche de encima de la víctima y no lo contrario. Puedes encontrarte con cualquier cosa. Un auto dado vuelta encima de dos personas, una muerta y otra viva. Un choque de frente, dos muertos y dos vivos, uno en cada vehículo. Un coche dado vuelta sobre su costado pegado a un árbol, con el conductor atrapado entre el techo y el árbol. Un auto en llamas con los ocupantes todavía vivos atrapados dentro”.

El autor expresa sus miedos de una manera muy clara – que alguien muera por algún error suyo, que le falle a alguno de sus compañeros. Y también es tremendamente esclarecedor al revelarnos esa especie de orgullo que se siente cuando uno por fin domina aquello a lo que se dedica:

“Amo la manera en que las luces de emergencia al costado del camino nos indican donde fue el accidente y amo la herramienta para cortar la chapa del coche con su gran fuerza y amo como hace añicos las bisagras para dejar las puertas del coche caer y poder llegar a ver en que posición están las piernas de nuestro paciente”

“Amo conducir a cualquier incidente, amo encender la sirena, correr rápido y cuidadosamente a través de la ciudad. Amo el aroma del humo y la sensación de temor que me envuelve cuando observo que un fuego ha devorado el techo de un edifico y comienza a lamer el cielo pues en ese momento sé que yo, mis músculos, mi cerebro y mi corazón van a ser puestos a prueba una vez más”.

Durante sus primeros años como autor, a Brown se lo llamaba “el escritor bombero”. El nombre era simpático pero reflejaba cierto menosprecio. Tras haber escapado a esa subestimación con obras de verdadero calado, es hora de que este libro sobre bomberos, ahora rescatado por la editorial Dirty Works sea verdaderamente reconocido.

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