«Somos luces abismales», las palabras son bombas de profundidad

Ensayo de Carolina Sanin

En ocasiones los libros se las arreglan para articularse unos con otros, estableciendo líneas de sentido que van marcando un camino entre lecturas. Y me pregunto, ¿Se trata de algún tipo de conjunción cósmica a escala infinitesimal? O por el contrario esta relación se produce por la voluntad del lector que va rastreando aquellas señales solo visibles al ojo atento, soñador, idealista o – porque no – ingenuo. Y no hace falta ir más lejos de esta semana, en la que – sin ningún tipo de premeditación – de los fuegos fatuos de «It» de Stephen King a los relatos/ensayos de «Somos luces abismales» de la escritora colombiana Carolina Sanin. Dos escrituras completamente opuestas que se anclan a partir de lo mismo: como la fuerza de gravedad del recuerdo nos mantiene ligados a nuestra identidad.

Un ejercicio de introspección a través de la escritura

«No temaís», no se trata de un libro de autoayuda; más bien de autoconocimiento. En cada relato, la autora deja a sus ideas vagar en libertad alrededor de un tema específico: la escritura, la familia, las amistades. La piedra de toque siempre es el pasado y es, precisamente, en ese revivir a través de las palabras donde esta obra alcanza verdadera intensidad poética.

El contraste con mi lectura previa es absoluto. Aquí la narración es mínima, casi accesoria: un encuentro con un potrillo, el velorio de una amiga de la niñez, un viaje a una laguna contenida dentro de un volcán. Estos episodios dan paso a pasajes de carácter autobiográfico, a vuelos líricos, también – en esto se evidencia su veta de profesora de literatura – a demostraciones de su erudición, de fragmentos sorpresivos de obras eternas ( fue una alegría encontrarme con la escena de la carroza de Madame Bovary, herrumbrada en el fondo de mi memoria).

Pero al avanzar en estas páginas también creí detectar algo más, un sensación que trascendía el propia acto de leer: como la necesidad de crear un nuevo sentido a partir del diálogo entre el escritor y el lector. Mi comprensión fue completa cuando, al buscar información sobre la autora me encontré con una entrevista en Página 12 donde ella explica que:

«Mi enseñanza de la literatura no es otra cosa que enseñar a leer detenidamente. Y leer muy detenidamente, más detenidamente, tratando de hacerse más y más consciente del significado de las palabras y de las asociaciones entre ellas, es reescribir el texto que se lee. Y leer detenidamente la propia observación del mundo, el propio pensamiento, es escribir»

Y es que «Somos luces abismales» es justamente un libro para leer con esmero. Haciendo una pausa para entender como cada oración se ensambla con la siguiente. Es un libro de largo aliento, que debe dejarse macerar luego de cada sección. Y el torbellino de emociones puede, a veces, arrastrarnos hacia el fondo y hacernos dudar, al salir a la superficie a tomar aire, sobre la conveniencia de volver a sumergirnos. Son los riesgos a los que nos enfrentamos los amantes de la literatura.

Elogio del vagabundeo: una nueva vida para dos clásicos

En el mercado literario actual, las novedades editoriales son una constante; de hecho el término «novedad» asociado a la publicación de un libro suena a oxímorón. Muchas de estas novedades no son sino reediciones de obras publicadas décadas atrás – eso sí, elegidas con gusto exquisito la mayoría de las veces -. Una segunda vertiente simplemente revisita los clásicos buscandoles una vuelta de tuerca para abrirlos a nuevos lectores.

Recuerdo la «Comedia» (ya sin el «Divina») de Dante publicada en 2018 por Acantilado. Esta nueva versión contaba con una traducción – de José María Micó – más cercana al español actual, infografías que mapeaban los terrenos celestiales e infernales y un glosario con todos aquellos personajes – ya abrasados, ya realzados – por el verbo del poeta florentino, (algo que sin duda yo habría agradecido de buena manera cuando la leí por primera vez).

En línea con este esfuerzo – y en este segundo semestre de ferias editoriales virtuales – , se publican dos clásicos indiscutibles del canon occidental bajo una nueva luz. Uno es la Odisea, editada para lectores del siglo 21, por Blackie Books. Varios detalles le suman valor agregado: por un lado está traducida de la adaptación de Samuel Butler, considerada la mejor por Jorge Luis Borges; a esto se suma un diseño de página aggiornado para lectores con problemas de atención 😉 Además incluye un relato de Margaret Atwood, «La canción de Penélope» y versiones de otros artistas inspiradas en la obra cumbre de Homero; la que más nos llama la atención es la «Odisea en bolsas para vomitar» de Nick Cave.

La reversión de La Odisea de Blackie Books. Diseñada para internautas.

El comic «Saint-Exupery», abocado a la vida del escritor de «El Principito», es otra de las «novedades interesantes». Personalmente, siempre me atrayeron más las peripecias de este aventurero que su obra cumbre alias. El piloto francés compuso su Odisea particular: el Norte Africano, la Patagonia, Nueva York y su vuelo final sobre el Mediterraneo al mando de un caza en la Segunda Guerra Mundial son algunos de los episodios de una vida a la altura de Ulises.

Su primer viaje a Buenos Aires
Rescate en los Andes

En este artículo del diario El País se profundiza en las características de esta obra del guionista Pierre-Roland Saint-Dizier y el dibujante Cédric Fernandez. Sin duda una de las novelas gráficas recomendadas de 2020 que intentaremos conseguir más temprano que tarde.

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