Un poema de Maria Velho da Costa

"Las Tres Marias", Maria Velho da Costa, María Teresa Horta y María Isabel Barreno.

La escritora portuguesa – recientemente fallecida – es una de las voces imprescindibles de la literatura portuguesa del siglo 20. Su obra destaca no solo por la búsqueda de nuevas formas de expresión sino también por un compromiso con la sociedad. Fue una de las voces más críticas con la dictadura que dominó Portugal hasta 1974. Este activismo contra el regimen salazarista expresado a través de la obra compartida «Novas Cartas Portuguesas» (junto a María Teresa Horta y María Isabel Barreno) alias «las tres Marias» casi las lleva a prisión. El siguiente poema – parte de la colección «Revolución y Mujeres» está en portugués primero, para capturar toda la belleza del idioma; más abajo su traducción.

Revolución – María Velho da Costa


Elas fizeram greves de braços caídos. Elas brigaram em casa para ir ao sindicato e à junta. Elas gritaram à vizinha que era fascista. Elas souberam dizer salário igual e creches e cantinas. Elas vieram para a rua de encarnado. Eles foram pedir para ali uma estrada de alcatrão e canos de água. Elas gritaram muito. Elas encheram as ruas de cravos. Elas disseram à mãe e à sogra que isso era dantes. Elas trouxeram alento e sopa aos quartéis e à rua. Elas foram para as portas de armas com os filhos ao colo. Elas ouviram faltar de uma grande mudança que ia entrar pelas casas. Elas choraram no cais agarradas aos filhos que vinham da guerra. Elas choraram de ver o pai a guerrear com o filho. Elas tiveram medo e foram e não foram. Elas aprenderam a mexer nos livros de contas e nas alfaias das herdades abandonadas. Elas dobraram em quatro um papel que levava dentro urna cruzinha laboriosa. Elas sentaram-se a falar à roda de uma mesa a ver como podia ser sem os patrões. Elas levantaram o braço nas grandes assembleias. Elas costuraram bandeiras e bordaram a fio amarelo pequenas foices e martelos. Elas disseram à mãe, segure-me aqui os cachopos, senhora, que a gente vai de camioneta a Lisboa dizer-lhes como é. Elas vieram dos arrebaldes com o fogão à cabeça ocupar uma parte de casa fechada. Elas estenderam roupa a cantar, com as armas que temos na mão. Elas diziam tu às pessoas com estudos e aos outros homens. Elas iam e não sabiam para aonde, mas que iam. Elas acendem o lume. Elas cortam o pão e aquecem o café esfriado. São elas que acordam pela manhã as bestas, os homens e as crianças adormecidas.

Revolución

Ellas hicieron huelgas de brazos caídos. Ellas lucharon en casa para ir al sindicato y a las juntas. Ellas le gritaron a la vecina fascista. Ellas supieron decir igualdad salarial, guarderías y cantinas. Ellas salieron a la calle de rojo. Ellas reclamaron que esas calles estuvieran asfaltadas y agua potable. Ellas gritaron mucho. Ellas llenaron las calles con claveles. Ellas les dijeron a la madre y a la suegra que eso era antes. Ellas llevaron aliento y sopa a los cuarteles y a las calles. Ellas fueron a las puertas de las comisarías con sus hijos en brazos. Ellas escucharon acerca del gran cambio que llegaría a sus casas. Ellas lloraron en los puertos abrazadas a sus hijos que volvían de la guerra. Ellas lloraron al ver al padre ir a la guerra junto al hijo. Ellas tuvieron miedo y fueron y no fueron. Ellas aprendieron a leer en los libros de cuentas y a trabajar con las fincas abandonadas. Ellas doblaron en cuatro el papel que llevaba dentro una cruz laboriosa. Ellas se sentaron a hablar alrededor de una mesa para ver cómo podrían librarse de los patrones. Ellas levantaron las manos en las grandes asambleas. Ellas cosieron banderas y bordaron pequeñas hoces y martillos con hilo amarillo. Ellas les dijeron a su madre, cuídeme a los niños, señora, que vamos hasta Lisboa en autobús y ya les diremos cómo va todo. Ellas llegaron de los suburbios con una cocina en la cabeza para ocupar parte de una casa cerrada. Ellas tendieron la ropa mientras cantaban, con las armas que tenemos en la mano. Ellas le hablaron de tú a personas con estudios y a los otros hombres. Ellas no sabían a dónde iban, pero iban. Ellas encienden la lumbre. Ellas cortan el pan y calientan el café ya frío. Ellas son las que despiertan por la mañana a las bestias, a los hombres y a los niños que duermen.

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