Americanah – Chimamanda Ngozi Adichie

Como hispanohablantes, viviendo en España o America Latina, el asunto de la «negritud» – tema sobre el que se construye «Americanah»- nos resulta un tanto ajeno. Sin embargo, pueden encontrarse ciertos puntos de contacto entre la experiencia de los ciudadanos negros (tanto aquellos nativos como los inmigrantes del Caribe y Africa) en EEUU y la manera en la que el color de la piel influye en cómo nos relacionamos, especialmente en las sociedades latinoamericanas. Y es que el tono de la piel suele ser un estigma todavía muy fuerte en los países hispanos.

Además del complejo tema de la «raza», Chimamanda Ngozi Adichie explora campos circundantes, como la alienación que conlleva la experiencia del desarraigo y la construcción de una identidad. Pero, ¿nos ofrece una visión diferente de este fenómeno? ¿Consideramos que hay algo innovador en Americanah? La trama y el estilo narrativo no se despegan del típico relato inmigrante de adaptación a una nueva realidad. Todo observado desde el caústico prisma de una inmigrante nigeriana que se convierte en una reconocida bloguera en Norteamerica y que le otorga a la obra un tono divertido, pero demasiado superficial. Las dificultades que enfrenta la protagonista parecen nimios si la comparamos con los de una novela como «Jasmine» de Bharati Mukherjee

Quizas podría considerarse posmoderna la integración del lenguaje del blog dentro de la novela. Este recurso sin duda genera un dinamismo interesante, sobre todo por el cambio de velocidad al que nos obliga como lectores. Pero el contenido de las entradas en «Raza o Diversas observaciones acerca de los negros estadounidenses (antes denigrados con otra clase de apelativos) a cargo de una negra no estadounidense» – el título del blog escrito por la protagonista – no dejan de tener el mismo efecto que un diario personal. En otras palabras, es solo una expresión de la interioridad del personaje y de sus observaciones – agudas, eso sí – sobre la sociedad que la rodea.

«En el metro se sorprendió al darse cuenta de como, a medida que se internaban en Brooklyn, gran parte de la gente que quedaba en el vagón era negra y gorda. Pero no había pensado en ellos como «gordos», sino como «grandes», ya que una de las primeras cosas que su amiga Ginika le había enseñado al llegar era que en América «gordo» era una mala palabra, cargada de connotaciones morales, casi como «estúpido» o «bastardo» y no tan solo una descripción física como «alto» o «bajo»

«Durante toda su vida, los niños habían comido naranjas sin semillas, naranjas cultivadas para lucir perfectas con piel impecable y sin semillas, por eso a los ocho años él no sabía que existía algo como las naranjas con semillas»

Americanah y el juego de la (de)construcción de la identidad

Una de las características más sobresalientes de la prosa de Chimamanda es su capacidad para escribir «simple» sin perder contenido. La historia de esta «Americanah» ( el término que define a aquellos que vuelven a Nigeria aparentando sofisticación tras vivir en Norteamerica) se mete dentro del lector y en mi caso, que leo antes de dormir, incluso he soñado que seguía con el libro.

Conocemos a Ifemelu, una inteligente y mordaz nigeriana, que piensa en regresar a su país natal tras 15 años en los EEUU. La decisión actúa como disparador de sus recuerdos: Su vida antes del viaje, su casi perfecta relación con su amor de secundaria, Obinze (personaje también importante y al que se dedica una parte sustancial del relato) y los diferentes retos a los que se enfrenta a su llegada a la «tierra prometida». Como ya mencionamos, la contrucción de una identidad se presenta como una de las piedras basales del relato. Chimamanda apela a dos símbolos para representar cómo la protagonista busca definirse a sí misma.

Tras su llegada a America, Ifemelu adopta una actitud displicente al ver a su tía preocupada por alisarle su pelo ensortijado y crespo para una entrevista. Tiempo después, enfocada en conseguir un puesto interesante, ella también se sometera a estas reglas no escritas.

» Cuando le contó a Ruth sobre la entrevista en Baltimore, ésta le respondió:¿Mi opinión? Deshazte de la trenzas y alisate el cabello. Nadie lo dice pero importa. Queremos que consigas ese trabajo?

Su tía Unu había le dicho algo similar años atrás y en ese entonces, Ifemelu se había reído. Ahora era consciente de que no debía hacerlo. – Gracias – le respondió a Ruth.»

El acento es la otra gran marca a la que se hace constante referencia. A pesar de que en Nigeria se habla inglés, la pronunciación del inglés americano es completamente diferente, por lo que Ifemelu va descubriendo como su habla la estigmatiza:

«Cuando Ifemelu regreso a la oficina de admisiones. Cristina Tomas dijo – Necesito. que. llene. dos. formas. ¿Entiendes?. ¿Sabes? ¿cómo? ¿hacerlo? y se dio cuenta que Cristina Tomas esta hablando así por ella, por su acento extranjero y se sintió como un niño pequeño, torpe y baboso.

– Habló inglés – dijo.

-Apuesto a que sí – respondió Cristina Tomas – solo que no sé si lo hablas bien»

Aunque en un principio cede, tanto en el pelo como en el acento, con tal de encajar y – no lo olvidemos – para mejorar su situación económica, una vez que se ha ganado su lugar dentro de la sociedad americana, Ifemelu se reafirma en su identidad africana original, volviendo a utilizar el pelo trenzado y abandonando su acento «yanqui».

«Un soleado día de Junio, Ifemelu decidio dejar de hablar como americana. Fue el mismo día que conoció a Blaine. Su acento era bastante convincente. Lo había perfeccionado tras observar cuidadosamente a amigos y presentadores de noticias, la desaparición de la «T», la espesa curva de la «R», las oraciones siempre empezando con «entonces» (so) y el constante uso de «Oh, en serio?» (Oh really) al responder. Pero su acento chirriaba dentro de su conciencia, era un acto de voluntad.»

Chimamanda Ngozi Adichie y el peligro de la historia única

Conocí a Chimamanda tras ver su, a esta altura archireconocida, Charla TED, «El peligro de la historia única». En esta presentación, la nigeriana reflexiona sobre como el colonialismo actúa principalmente sobre la mente de los colonizados, convirtiéndolos en los más firmes defensores de la lengua y las costumbres del país más poderoso, es decir del colonizador. Para contrarestar esta influencia, la escritora apela a nuestra inquietud y a la necesidad de analizar todas las facetas de una historia y no quedarnos solo con lo primero que leeemos o escuchamos.

Al sumergirme en «Americanah» he sentido una contradicción relacionada con este punto. Tras un comienzo difícil en su nueva vida en EEEUU, Ifemelu logra salir adelante, por sus propio talento principalmente, pero también ayudada por la suerte. Finalmente, termina rodeándose de un entorno cada vez más elitista. Así es como la descripción que la autora nos ofrece no es sino una visión sesgada de las clases más favorecidas de la costa oeste. La América progresista y multicultural que cree, casi infantilmente, en Obama no representa al conjunto (complejo como toda nación) de aquel país. Se puede alegar que la autora nunca aspira a un retrato total, es verdad, pero esta focalización le quita profundidad al conjunto.

Se trata en definitiva, de una novela muy bien construida que, a través del humor y la irreverencia, nos sitúa ante una (una más) visión crítica de una sociedad hiperexpuesta como la norteamericana. Un libro interesante de una de las voces más provocadoras de la literatura africana actual.

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