El otro lado – Alfred Kubin (1908)

Un inesperado visitante se presenta a las puertas de tu hogar. Trae una propuesta de un viejo amigo del Secundario. Dejar toda tu vida atrás y mudarte junto a tu esposa a un Reino maravilloso, ubicado en un recóndito punto  de Asia Central.  Un lugar creado para todos aquellos a los que les desagrada la civilización moderna, una espacio para crear una utopía basada en los sueños, de allí su nombre «El Reino Soñado».

 

Este es el punto de partida de la influyente novela de Kubin, alabada por Hesse y Kafka, y que prefigura el expresionismo y el surrealismo. Una obra que camina por el límite entre el absurdo, el terror y el humor negro.

Una vez en «Perla», ciudad capital del Reino, el protagonista, un ilustrador de poca monta, comienza a descubrir ciertas inconsistencias. La narración hace mención a una «mano potente» (nótese las implicaciones a la mano invisible del mercado a la que se refiere la teoría de Adam Smith) que actúa misteriosa e inexplicablemente y que equilibra fortunas y desgracias entre los habitantes del Reino:

«Un hombre con una posición acomodada se despierta una mañana convencido de que está en la ruina. Sin que nadie dé o pida explicaciones, su mujer llora, sus amigos se compadecen de su situación. De buenas a primeras, un oficial de justicia aparece para secuestrar sus pertenencias, que ya fueron rematadas y un nuevo propietario aparece para tomar posesión de la vivienda sin dar tiempo apenas a que los desamparados lleven las pocas pertenencias que les quedan a un cuchitril vacío. Transcurre un mes y todo se ha olvidado.»

Así, ante los ojos del narrador, lo que en un principio prometía ser un país utópico, comienza a degenerar en una espiral de insensatez. Un aire de pesadilla rodea todo el relato:

«Caminar por las calles de «Perla» durante la noche era una agonía. Aquellas personas con los sentidos muy agudos podían hundirse en el abismo más terrorífico. Desde puertas y ventanas cerradas se escuchaban quejidos y lamentos en tonos mayores y menores. Detrás de puertas entornadas podías escuchar gruñidos contenidos, que traían a la mente imágenes de estrangulamiento y asesinato. Volviendo a casa por la noche escuchaba, multiplicado por miles, su eco burlón a mis espaldas. A medida que uno se apresuraba en volver, los portales abrían sus fauces como si fueran a tragarte. Voces invisibles te invitaban a acercarte al río…»

Para mí, un gran admirador del «Golem», este libro me ha resultado fascinante ya que poseee la misma atmósfera claustrofóbica de la obra maestra de Gustav Meyrink. Los puntos de conexión con Kafka también son evidentes, aunque en este caso es Kubin quien ha influido en el autor de la Metamorfosis, en temas tan kafkianos como la indefensión del ciudadano ante el estado y una burocracia desquiciante. 

Si le sumamos que Kubin, que además de escritor era un reconocido artista  gráfico (y que ilustró obras de Gogol, Poe y Dostoievsky, además de Kafka y Meyrink) demuestra su calidad en las imágenes oníricas que acompañan el relato. Muchas se pueden ver en un blog dedicado a este artista.

 

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