El Tercer Reich – Roberto Bolaño (2010)

Vuelvo a Roberto Bolaño después de un autoexilio de varios años. «Estrella distante», lo último que leí de él, me había dejado indiferente. La catarata de títulos postmortem a razón de ¿uno por año? no hicieron más que reforzar mi escepticismo. El Tercer Reich no alcanza el desarrollo de «Los Detectives Salvajes» ni de las mejores partes de «2666», pero tampoco decepciona. Su tema, su tono y su ritmo remiten a un cuento reseñado en esta web «Últimos atardeceres en el planeta tierra», que considero el mejor relato del autor chileno.

Ejercicios de claustrofobia junto al mar

La historia está planteada como un diario personal. Quien escribe es Udo Berger, un joven alemán aficionado a los juegos de guerra de mesa (el «Tercer Reich» del título), campeón de su país y un referente mundial en la materia. Junto a su novia, Ingeborn, planean unos tranquilos días de relax en un pueblito de la costa catalana.

Pero lo que debían ser unas vacaciones sin sobresaltos (Udo planeaba descansar y trabajar en una innovadora estrategia de combate) se trasforman en una lucha de supervivencia. La aparición en escena de una serie de marginales (otro de los temas preferidos de Bolaño) ahondan la sensación de asedio que Udo revela en sus anotaciones. Charly y Hanna, una pareja de alemanes alocados que viven una intensa relación de amor – odio; El lobo y el cordero, dos españoles de dudosas intenciones con nombres que hacen (obvia) referencia al peligro imperceptible e incluso Frau Else, la evanescente y hermosa esposa del dueño del hotel, son figuras que, cada uno a su manera, «atacan» a a Udo.

El Tercer Reich en edición de Anagrama
El universo Bolaño ya se despliega en El Tercer Reich

Pero ninguno de estos personajes se contraponen al narrador de manera tan tajante como el Quemado. Éste representa una suerte de opuesto: Mientras el alemán es joven, agraciado físicamente y exitoso, el Quemado exhibe un rostro desfigurado y malvive alquilando patines durante el verano. Además, el Quemado es sudamericano, (¿De qué país? Nunca lo sabremos. Pero en esto también hay un mensaje: Para los europeos tanto da un chileno como un argentino o un mexicano) detalle que lo que lo hacen aún más extraño. El Quemado es «el Otro».

El enfrentamiento con la figura del némesis

Con el correr de las páginas, la relación de Udo con el Quemado se ratifica como eje central del relato. Tras la desaparición de Charly en alta mar y la vuelta de Ingeborn a Alemania, la partida de «Tercer Reich» se hace inevitable. El inicio del juego reafirma la transformación de Udo, tan racional y altivo en el inicio como impulsivo, paranoico e inseguro hacia el desenlace. El paralelismo con la actuación del regimen nazi en la segunda guerra mundial es válido en este punto pero también puede aplicarse a las percepciones del protagonista quien, al igual que el gobierno nazi a medida que se hace evidente la derrota, va perdiendo la noción de la realidad. Esta desorientación se refleja en el diario – a estas alturas una bitácora de guerra – donde el recuento de su día a día se entremezcla con sus sueños y, especialmente, con el desarrollo de la campaña bélica que lo enfrenta al Quemado, a quien ya identifica como «El enemigo».

El espacio exterior replica este enfrentamiento. El hotel se transforma en un castillo, a veces seguro, a veces amenazador -incluso laberintico – donde el alemán se parapeta para estudiar el asedio de su rival. Éste cuenta con una fortaleza, considerada incluso más inexpugnable por Udo: Un amasijo de patinetes de playa que fascina al protagonista, montado cada noche sobre la arena.

No revelaremos el resultado pero si qué es lo que recibirá el ganador. Cuando el protagonista, inmerso ya en su espiral decadente le comenta a través del teléfono a Conrad, su confidente, qué es lo que está en juego , éste último no duda en relacionarlo con Fausto. No es la única vez que se alude a Goethe. En una improbable conversación sobre gustos literarios, Udo pregunta «¿Qué lees, Quemado?». «Vallejo», responde junto a otros autores sudamericanos el Quemado. «A mi me gusta Goethe» concluye Udo. La danza de opuestos es otra vez manifiesta. Vallejo, poeta peruano que pasó sus días en Europa casi como un paria, frente al más alto exponente de la literatura aristocrática europea.

Finalizada en 1989, en esta novela ya se detectan las obsesiones de Bolaño: la deriva histórica de Alemania, la alienación del inmigrante y los ambientes cargados de un peligro tan incierto como inevitable. Este relato recién se publicaría en 2010, siete años después de la muerte del autor. La pregunta inevitable es: ¿Por qué Bolaño no quiso publicarla en vida? Tal vez como otras de sus obras que vieron la luz siguiendo los dictados de la industria editorial, las vería como inacabadas o susceptibles de mejora. Llegar a alguna certeza es, a esta altura, ya imposible. Solo queda leer, que no es poco.

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