Juntacadáveres – Juan Carlos Onetti

Novela de Juan Carlos Onetti

Esta obra, parte de la Trilogía de Santa María, llega a nuestra web de recomendaciones de libros. Debo admitir que el título de esta novela de Juan Carlos Onetti, Juntacadáveres, excitaba mi imaginación y la llevaba hacia terrenos que distaban de ser los que finalmente recorrí con su lectura.

La trama en sí no encierra demasiado. El escenario es este pueblo tradicional del litoral rioplatense, Santa Maria, un lugar en el que rige – al menos superficialmente – una estricta moral cristiana. Será un tal Juntacadáveres – un perdedor crónico, también protagonista de la que se considera la mejor novela de Onetti, «El astillero» – quien intentará traer «la modernidad» – un burdel de mala muerte – a esta localidad, cuyos habitantes se debaten entre la inacción y el olvido. La llegada de «Junta» y de sus tres «cadáveres» será el chispazo que encederá batalla desigual entre las fuerzas vivas de Santa Maria y los recien llegados, considerados «aliados del demonio» por la visión conservadora de la sociedad santamariana.

Juntacadáveres, modelo para armar

Pero esta historia de una simplicidad casi frustrante nos revela nuevas aristas a partir de un complejo dispositivo narrativo. En Juntacadáveres, no hay una sola voz llevándonos a través de la historia, sino una variedad de testimonios y puntos de vista. Con cada capítulo, el lector necesita ir acoplando los acontecimientos, que se presentan fragmentados e inciertos, para alcanzar algún sentido. Así, se suceden un narrador que nos informa desde una aparente omnisciencia qué hizo el protagonista momentos antes de bajar del tren que lo trae a enfrentar su destino,

«Resoplando y lustroso, perniabierto sobre los saltos del vagón en el ramal de Enduro, Junta caminó por el pasillo para agregarse al grupo de tres mujeres algunos kilómetros antes de que el tren llegara a Santa María.»

Pero también tenemos la palabra cargada de culpa de un joven obsesionado con la viuda de su hermano muerto o una percepción colectiva y masculina, en la que se refleja la conciencia patriarcal compartida por todo el pueblo,

«Pasaron algunos meses desde el arribo de las mujeres. Nosotros, los que bajábamos el camino y los que no lo bajábamos, encogimos los hombros y aceptamos, indiferentes o no, que se quedaran para siempre»

A esta ambiguedad se le suma una prosa densa, que nos exige una atención constante para no equivocarnos en el resultado final. Estamos ante un «modelo para armar», expresión que me hizo pensar en la obra de Cortázar, basada a su vez en el capítulo 62 de Rayuela, aquel en el que el teórico Morelli se explaya sobre una novela en la que,

«Todo sería como una inquietud, un desasosiego, un desarraigo continuo, un territorio donde la causalidad psicológica cedería desconcertada.»

Es dificíl no tender puentes entre esta novela imaginada y la obra que nos ocupa. Allí cuando Morelli nos avisa que, «Si escribiera ese libro, las conductas standard (incluso las más insólitas, su categoría de lujo) serían inexplicables con el instrumental psicológico al uso. Los actores parecerían insanos o totalmente idiotas.», Onetti nos presenta un desfile de personajes imposibles de entender, como el boticario Barthe, cuyas motivaciones para luchar por la instalación del prostíbulo nunca nos quedan claras del todo, el remilgado Doctor Diaz Grey o el propio Junta que nunca termina de comprender su pulsión de convertirse en chulo de poco monta,

«Envejecido, con la conciencia de la camisa sucia, del vello en las orejas, de los tacos torcidos, de la soledad y el rechazo, tocaba con la lengua la copita de Cazalla e iba formando al Junta cruel y joven, rabiosopor vivir, al Junta de las noches heroicas y codiciosas»

Onetti, poeta del pesimismo

A Onetti, efusivamente halagado por los grandes (Rulfo, Fuentes, Piglia, el propio Cortázar entre otros) se lo identifica no solo por este séquito de semidioses de la literatura sino por sus temas, afincados en una profunda angustia existencial. Y esta desesperanza puede observarse en cada reflexión de sus personajes, en el anquilosamiento de su trama o en la atmósfera lúgubre por la que trasiegan los habitantes de su particular universo.

«Avanzó la luz escasa que llegaba desde la cabecera de la cama, una mano en alto para hacerse perdonar, exagerando la cojera para justificar el bastón, admirando ansioso los pocos elementos que componían el ridículo: el fonógrafo gangoso, su bocina elegante y como ablandada, la gran manivela de la cuerda próxima a la mano de Junta; la luz en la cabecera de la cama que rescataba de la sombra de la sombra de la pared la estampa de una Virgen y la fotografía en colores de Gardel; el mueble con la palangana y la jarra y el espejo donde flotaban inmóviles postales y recortes de revistas; el mismo Junta intimidado y rabioso, ancho, corto, ensombrerado, su cara humedecida por el vapor»

Acometer una novela de Juan Carlos Onetti nos exige un esfuerzo mental e imaginativo poco frecuente, incluso para aquellos habituados al noble hábito de la lectura. Se trata de un reto con la capacidad de abrirnos la puerta a nuevas formas de pensar la literatura, ¿te animarás al próximo paso?

Deja un comentario