La cadena fácil – Evan Dara

La cadena Fácil - Evan Dara

No he disfrutado de «La cadena Fácil», pero debo admitir que me reconforta haberme enfrentado al reto que significa. Quizás una de las grandes virtudes de la escritura de Evan Dara sea la de irritar – algo en lo que, me ha recordado algunos pasajes de «La broma infinita»-, pero esta incomodidad nos hace enfocarnos aún con más interés en el agente irritante. Un simil acertado sería una llaga en el paladar al que volvemos constantemente aunque moleste.

En definitiva, una novela cuyo sentido está en permanente movimiento, con personajes y situaciones que se nos escapan y que nos exigen una devoción panóptica. ¿La recomendamos? Solo en casos de fuerza mayor, si te has visto forzado a permanecer en tu hogar por una cuarentena de alcance global o invasión extraterrestre.

Un influencer antes de los influencer

La pregunta «¿quién es Lincoln Selwyn?» parecería imponerse como punto de partida de la novela, aunque a medida que la narración avanza, iremos viendo como el protagonista no es sino la ouija a través de la cual debemos interpretar los indicios que nos deja el autor.

Nos sumergimos en la historia a través de una multitud de testimonios que hablan de un joven que llega a Chicago para comenzar un ascenso fulgurante hacia el éxito. Las voces – superficiales, lisonjeras, teñidas de un inconfundible snobismo – molestan. Me las imagino hablando rápidamente, a veces con un tono pedante, a veces sin ocultar ironía o maniqueísmo. Se apretujan para contarnos acerca de Lincoln, de su brillante personalidad y del exclusivo círculo en el que se mueve. Así Lincoln se convierte, a principios de siglo, en el primer influencer de la vida moderna.

Stop. Primer intento de dejar la lectura. ¿ Adonde queremos llegar?

Retomamos la travesía, con suerte, pues las cosas se ponen algo interesantes. Lincoln comienza a moverse, o a ser movido pues en esta parte es practicamente un objeto, y a relacionarse con personas verdaderamente extrañas. Así aprendemos sobre cultivadores de la No-expectativa para alcanzar la felicidad, también a emprendedores que ofrecen a los padres recuperar a sus hijos de las garras de la indulgencia;

«En Caminocorrecto, hemos sido los primeros en utilizar técnicas lo bastante férreas como para neutralizar la mácula moderna. La profanación de la confianza. La fisura entre lo que vemos y lo que sabemos. La disolución causada por alimentar una cultura que ha declarado la guerra contra las almas de nuestros hijos a fin de acceder a sus bolsillos»

Pero también descubrimos que existe la alergía a la charlatanería (en otras palabras, la superficialidad que impregna toda la sociedad moderna, bautizada por Evan Dara como filfa)

«Un tipo, un psicólogo de Seattle intentó compilar una lista de lo que denominó avatares de la filfa, las diez mil caras de la bestia embustera. Pero abandonó, sí, porque feu incapaz de alcanzar el fondo fílfico. ¿Quiere oir unos pocos? Entre los que recuerdo, aparte de los más obvios, están la tergiversación, la omisión, el silencio, el silencio aprobador, la indirecta, la elipsis, la distorsión. la evasiva, la parcialidad, la imprecisión, la ambigüedad, la hipérbole, la pregunta capciosa, la prevaricación, el disimulo, la observación parcial, el jesuitismo, el subterfugio, los famosos BRRS de Flavtov – berrinche, remolino, revuelta y soflama-, la moderación, la insinuación bondeliana, la revelación a medias…»

La primer mitad del libro se va en disgresiones de este tipo, constantemente mediadas por los corífeos, ya más soportables a esta altura. Por la naturaleza irónica, juguetona, flatulenta y escurridiza de los ataques al capitalismo me es imposible no remitirme a David Foster Wallace. Muchas de estas maquinaciones son brillantes, también cansan un poco. El capitalismo es malo, ¿que hay de nuevo en eso? En este punto, una duda atroz me asalta. Nadie conoce a Evan Dara, ¿Y si Foster Wallace nunca murió y escribe con ese nombre?

Y entonces llega un hueco en la narración y quiero dejar al libro «para más adelante», pero

Un intermezzo en blanco y luego el resto…

Si la primera mitad exige un lector atento, a partir del meridiano de la obra, esta capacidad de exégesis debe afinarse. «La cadena fácil» se estructura a partir de las diez o más páginas desnudas, que separan por un lado, al Lincoln estrella de la sociedad neoliberal, y por el otro, al irreconciliable enemigo del sistema. Así, este vacío agrega un limbo de sentido que podrá ser completado a partir del collage que se despliega en la parte final del relato.

Después del blanco, nos enfrentaremos a una multiplicidad de técnicas, estilos y puntos de vista – una suerte de exploración joyceana adaptada a las exigencias de fugacidad contemporánea – , a saber: una narración clásica de discurso interior del protagonista y de la mutación de esta conciencia en una pizca de suciedad trashumante, el relato de una camarera de la América profunda que conoce a Lincoln tras su cambio, los mails que una periodista freelance interesada en ventilar el ascenso y posterior desaparición del personaje o a las voces de unos detectives financieros que acechan a nuestro amigo ( a esta altura ya lo es) con una opinión completamente opuesta de las halagadoras voces del principio.

» – Pero, Phillie, o sea, ¿de qué va a servirnos? O sea, mira el extracto. Ese mierda está dando vueltas por todo el país.

-Ya

-Puto insecto.

-Lo sé.

-Es obvio que esa plaga humana está intentando torearnos. Correteando en círculos y pensando que vamos-

-Para nada.

-El tipo está dejando pistas

-Anda ya-

-Estoy seguro. El tipo-

-Te refieres al puto cabrón enfermo.

-El mismo. Tenemos las pruebas. Quiere que sepamos. Quiere que alguien sepa.

-Exacto-

-Quiere que le cojamos-

-Estás como una puta cabra.

-Venga-

-Ese tío es una sanguijuela y un estafador y un parásito, todo lo que le rodea acaba jodido una y otra vez, y si la civilización no detiene a esa cagarruta subhumana entonces no somos mejores que-«

Todas estas instancias narrativas ofrecen la pieza faltante del puzzle: Qué es lo que (quizás) mueve a Lincoln y qué lo lleva a su vendetta personal. Y llegamos a lo que podrian ser definidas como «variaciones minimalistas» situadas a partir de la página 370: Repeticiones incesantes de imágenes surgidas durante un viaje en tren que se fusionan con recuerdos y divagaciones a partir de estos recuerdos, que contienen, desde mi punto de vista, la clave del secreto y de las motivaciones que coronan el desenlace.

Aquí llegó mi tercera crisis. Luego de una semana (quizás más) a través de lectura relectura, regreso y vuelta atrás me llegó una cierta iluminación y la constatación del gran valor de «La cadena fácil», del carácter tentacular de sus transgresiones formales y de su posición como lectura de referencia para aquellos por venir, pero con excepciones. Porque, lejos de elitismos, no se trata de un libro accesible para todos.

Muy recomendado por su editorial (como es esperable) y por diversas publicaciones especializadas (entiéndase el sesgo académico) en la tapa de «La cadena fácil» leemos, «Una de las mejores novelas de la década. Su escritura es mágica, fascinante, hipnótica». Me quedo solo con hipnótica.

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