Me llamo rojo – Orhan Pamuk – 1998

Me tropecé con esta novela mientras hurgaba en un estante lleno de libros de Danielle Steel y Frederic Forsyth, lugar al que claramente no pertenecía. Si bien había escuchado hablar de Pamuk, mi curiosidad por su obra nunca había llegado al punto de adentrarme dentro de sus páginas. Aquel día me bastó leer apenas una página para convencerme.

¿A qué me refiero? “Me llaman rojo” comienza a todo galope. Hay un asesinato y quien nos lo cuenta es el muerto. “Soy un cadáver” se titula el primer capítulo, «Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo. Hace mucho que exhalé mi último suspiro y que mi corazón se detuvo pero, exceptuando el miserable de mi asesino, nadie sabe lo que me ha ocurrido.» Alguien se ha despachado a Effendi Elegante, uno de los ilustradores más exquisitos del Imperio Otomano, contratado, (junto a otros tres ilustradores tan distinguidos como “Elegante”), por el Sultán para decorar un libro, que deberá ser maravilloso, pero que a la vez está prohibido por las leyes del Islam. Todo indica que el asesino es uno de los otros tres maestros ilustradores, llamados Aceituna, Mariposa y Cigüeña.

Negro, una suerte de hijo pródigo, vuelve del exilio para completar el libro y descubrir al asesino, pero también para reconquistar al amor de su vida. Mientras esto ocurre, el predicamento de una secta de fanáticos extremistas,(¿Les suena de algo?) es cada vez más popular entre los habitantes del Estambul del siglo XVI.

La historia está contada desde diferentes perspectivas, lo que le da un gran dinamismo, pero nos exige la tarea de rearmar los acontecimientos. No nos hablan solo el cadáver y Negro, sino también los otros ilustradores, el asesino y hasta las ilustraciones, (un perro, una moneda, un árbol) a las que un charlatan les da voz en un decadente café de la ciudad.

«Y no porque tema que de haber sido pintado a la manera de los francos todos los perros de Estambul me habrían tomado por un árbol auténtico y se me habrían meado encima. Sino porque yo no quiero ser un árbol, sino su significado.» asegura el árbol hablando en primera persona. Así detrás del desarrollo de esta novela cuasi-policial, (en el fondo lo que queremos es descubrir quién es el asesino) se cuela una profunda reflexión sobre el significado del arte, del rol de artista y de las visiones opuestas de Oriente y Occidente sobre cómo debe ser la representación en la pintura.

La tradición oral, con sus historias encajándose dentro de otras historias, al estilo de «Las mil y unas noches», es otra de las fuentes de donde bebe Pamuk, un autor enorme al que es muy recomendable darle una oportunidad. Y nada mejor que «Mi nombre es rojo» para comenzar a saldar esa deuda.

 

 

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