Murciélagos – Gustav Meyrink (1916)

«Sueño.

La luz de la luna cae al pie de mi cama y se queda allí como una piedra grande, lisa y blanca.

Cuando la luna llena empieza a encogerse y su lado derecho se carcome – como una cara que se acerca a la vejez, mostrando primero las arrugas en una mejilla y perfilándose después – a esa hora de la noche se apodera de mí una inquietud sombría y angustiosa.»

(Primera página del Golem)

Estas líneas, lúgubres e impregnadas de nostalgia, se prestan maravillosamente como puerta de entrada a «Murciélagos», una colección de relatos con la misma atmósfera irreal que la obra más conocida de Meyrink: el Golem.  Caeremos bajo el influjo de lo fantástico y lo oculto. Logias secretas, maldiciones familiares y mitos ancestrales del folclore europeo acechan detrás de estas páginas. Por ello apelamos al sueño, a la luna y a la oscuridad como nuestros guías.

Los escenarios en los que transcurren gran parte de las historias de «Murciélagos» son inequívocamente góticos: Cementerios olvidados,  castillos derruidos, lagos de aguas insondables y capillas con sótanos secretos. Estos ambientes, exóticos ya de por sí, resaltan al ser presentados bajo una luz expresionista, que nos remite al universo alucinante de «El otro lado» de Alfred Kubin

«Supongo que en esos momentos la luna llena estaba exactamente sobre la abertura del techo, porque el agua de la cavidad en el centro de la mesa de cuarzo, reflejaba su imagen de pálidos reflejos verdosos, como un inmóvil círculo plateado» (Los cuatro hermanos de la luna)

«Gradualmente, el sol se iba ocultando, y tanto el paisaje terreno como el celeste fue adquiriendo ese tinte rojo y anaranjado completamente irreal, que cualquiera que haya visitado el Tibet conoce.» (El juego de los grillos)

Los cuentos de Murciélagos, portales a otras realidades

Gustav Meyrink

Para Meyrink tanto el destino, como el tiempo o la ciencia pueden ser explicados desde lo esotérico. Un universo secreto subyace detrás de lo ordinario.  Es por ello que a medida que la lectura avanza, una idea va cobrando fuerza: La realidad (nuestra realidad) nunca será suficiente para comprender cabalmente la existencia.

Cada una de las narraciones se convierte en un umbral hacia lo desconocido.  En «J. H. Obereit visita el país de los devoradores del tiempo», se adivina, tras una travesía desquiciada, el secreto de la vida eterna. (En este cuento se asegura que un grafismo con la palabra VIVO resalta en las lápidas de aquellos que la alcanzaron. Meyrink se ocupó de que figurara en la suya).

«Cardenal Napellus» nos enfrenta a un relato en el que la ciencia y la religión se trascienden en la búsqueda fútil del sentido de nuestro deambular por este planeta. Por su parte, «Maese Leonhard», su protagonista acosado por una maldición familiar, emprende una cruzada en busca de las mismas respuestas que buscamos todos: «¿Quien soy?»

Borges, traductor de Meyrink

Los cuentos de «Murciélagos» (Fledermäuse en alemán) fueron celebrados por Borges, quien incluso se aventuró a la traducción de «El Cardenal Napellus».. En su prefacio a este relato, el escritor argentino además hace mención a «J. H. Obereit visita el país de los devoradores del tiempo» y a «Los cuatro hermanos de la luna». A continuación incluyo un extracto, mientras que el prólogo entero  puede leerse aquí.

» A diferencia de su contemporáneo, el joven Wells, que buscó en la ciencia la posibilidad de lo fantástico, Gustav Meyrink la buscó en la magia y en la superación de todo artificio mecánico. “Nada podemos hacer que no sea mágico”, nos dice en El cardenal Napellus, sentencia que hubiera aprobado Novalis. Otro símbolo de esta visión es el epitafio que el lector hallará en J. H. Obereit visita el país de los devoradores del tiempo que, pese a su apariencia irreal, es verdadero, no sólo estética sino psicológicamente.El relato , narrativo al comienzo, va exaltándose hasta confundirse con nuestras experiencias y temores más íntimos. Los devoradores del tiempo rebasan la metáfora y la alegoría; corresponden a la sustancia de nuestro yo. Desde la primera línea el narrador está predestinado al fin imprevisible. Los cuatro hermanos de la luna incluye dos argumentos; uno deliberadamente irreal que en forma irresistible lleva al lector y otro, aún más asombroso, que nos revelan las páginas finales. 

La influencia de Meyrink no solo alcanza a Borges – que inclusó escribió un poema sobre el Golem – sino a otros grandes escritores del siglo 20 como Kafka o Tolkien. A través de estos relatos, los fanáticos del Golem (que somos muchos) podemos ahondar en las tenebrosas visiones de este autor vienés. 

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