Últimos atardeceres en la tierra – en «Putas asesinas» – Roberto Bolaño – 2001

«Para los tiburones, para la mayoría de los peces (excepto para los peces voladores), el infierno es la superficie del mar. Para B (para la mayoría de los jóvenes de veintidós años), el infierno a veces es el fondo del mar»

La cita, genial, pertenece a este cuento que siempre tuvo un efecto magnético sobre mí, al punto de que la primera vez que agarré «Putas Asesinas» (allá por el 2007) fue el único cuento que releí dos o tres veces. Nunca entendí bien por qué.

La historia se desarrolla como si en realidad no importara. B viaja con su padre a Acapulco fuera de temporada. Les ocurren cosas irrelevantes: prueban un plato de iguana frita, se registran en un hotel, conversan con una turista tan intemporal como ellos. B va leyendo un libro sobre poetas surrealistas franceses y nazis y la combinación no augura nada bueno.

El lector los observa, seguro, desde detrás de un cristal, casi como si estuvieran en una pecera: Dos peces diferentes condenados a estar juntos. Acaso eso sea la familia. Mientras tanto, en la historia, que se sigue desarrollando sin demasiados quiebres, B va intuyendo que se asoman al abismo. «Hay cosas que se pueden contar y hay cosas que no se pueden contar, piensa B, abatido. A partir de este momento él sabe que se está aproximando el desastre». 

En el tramo final, los acontecimientos se aceleran. Guiados por un guía poco confiable, B y su padre terminan en un bar de mala muerte. A esa altura tanto B como su padre ya destilan alcohol y sexo. Hay putas, hay tequila barato y hay un juego de cartas. Y a medida que nos vamos internando en esa noche infinita comprendemos que ya no estamos seguros detrás del cristal. Es ahí cuando sentimos que estamos dentro de la pecera junto a B y a su padre. Y la pecera se ha llenado de tiburones asesinos.

El final es apoteósico. Antes mencioné que nunca supe bien porqué este cuento me atraía tanto. Lo supe al releerlo (quizás por quinta vez, quizás por decimonovena) después de que murió mi papá. Hay algo inasible pero inequívoco que para cada uno tendrá significados diferentes. Los invito a que lleguen a ese punto y lo descubran por ustedes mismos.

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