Un poema de Gabriel Chávez Casazola

Flor soñadora de Japón

Gabriel Chávez Casazola nació en Bolivia. Es poeta, periodista, y considerado “una de las voces imprescindibles de la poesía boliviana actual”.
El poema seleccionado tiene como nombre una negación, y también comienza con ella. Inicia haciendo un recorrido sobre aquello que el yo poético supone que no es la belleza. Luego nos dice en donde sí se encuentra ésta. Describe un abstracto indescriptible, señalando en dónde la podemos encontrar, de dónde parte y cómo funciona. Tal como una dicotomía saussureana, sugiere identificarla no en lo que se mira, si no en la mirada en sí misma.

No – Gabriel Chávez Casazola

No en el precioso y preciso jaspeado carmesí en el corazón de esta flor
blanca como un cáliz de nieve,
no en sus pétalos albos y pequeños, no en las
líneas carmesíes diminutas como trazos de sangre de un gorrión
malherido de amor sobre esa nieve;
no.

La belleza está en los ojos del que mira,
en el preciso y precioso jaspeado del iris de sus ojos,
en el corazón de su pupila,
en las líneas nerviosas diminutas que conectan el ojo
con la mente.

La belleza no está en el mundo por sí misma y para sí.
La belleza del mundo está en los ojos de los habitantes del mundo,
en la mente de los habitantes del mundo, en todos los sentidos de los
habitantes del mundo
pues no hay olor sabor textura ni trinos de gorrión ni cálices de nieve
sino aquél que puede maravillarse en ellos.

La belleza está en tus ojos en tu lengua en tu pezón

en el funcionamiento maravillosamente armónico del martillo y el yunque y
el tímpano de tu oído interno
en las células olfativas que trémulas se extienden debajo de tu rostro.

Contra la muerte y el dolor y el mal,
a pesar de la extensión de su reinado en ti y en mi,
la belleza está en ti y en mi, no en esta flor

que temblorosa sostiene
su blancura
y sus irisaciones carmesíes
en una palma cuyo pulso un día dejará de latir
y será trazo de sangre en el corazón de un gorrión niño
y cáliz de tierra y humus para las nuevas flores
como esta

que temblorosa sostiene
su blancura
para aquellos que podemos percibir la suma
de todos los colores.

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