Mi pequeña guerra inútil – Pablo Farrés (2017)

«La guerra es un laberinto. No se puede salir una vez dentro». Aunque en esta web de recomendaciones de lectura somos poco adeptos a plegarnos a verdades irrefutables, nos sentimos tentados a abrazarnos a la frase arriba escrita como a una ley universal. Consciente o inconscientemente, la guerra viene rondando las últimas publicaciones de esta página, que parecería no poder salir de la temática. Algo similar le ocurre al protagonista de «Mi pequeña guerra inútil»: Huye hacia delante, pero sin saber hacia dónde. El relato se asemeja a esas pesadillas circulares de las que no se puede escapar. Inmersos dentro de la historia no encontramos el mínimo punto para hacer pie. Estamos en una trinchera permanente, atrapados en un «No Man´s Land», recibiendo fuego de los dos bandos. 

Treinta años después de que el mundo creyera que la Guerra de las Malvinas ha terminado, un teniente coronel del ejército de su Majestad es enviado a las islas como nuevo interventor de los destacamentos ingleses. Su misión oficial es reemplazar al actual comandante, de nombre Anderson. Pero una pesadilla recurrente lo carcome:  No es un alto mando inglés sino un soldado argentino con la misión secreta de matar a Anderson.  Esta indefinición se complicará aún más al llegar a su destino. Allí se entera que él es, en realidad, Anderson.  Pero, pensándolo bien, utilizar la expresión «en realidad» en este contexto no aclara demasiado…

¿A qué nos referimos? A que lo que experimenta el protagonista se acerca a una alucinación colectiva. Y lo que es más, ¿desde qué punto de vista asistimos a esta alucinación? Soldados argentinos e ingleses matan, mueren y renacen en un bucle infinito. Las islas se replican  y huyen a diferentes puntos del planeta. El pasado, el presente y el futuro convergen y se deforman. En las Malvinas de Farrés asistimos a las paradojas que podríamos encontrar en un agujero negro o en lo más recóndito del cerebro humano.

«La guerra continúa, las batallas siguen librándose, los mismos aviones Pucará nunca dejan de atravesar el cielo, si usa los prismáticos verá que el crucero General Belgrano sigue hundiéndose, nuestras patrullas se condenan a levantar siempre los mismos muertos al costado de las rutas, y los soldados no terminan nunca de morir. Y usted sabe lo mismo que yo: la guerra terminó hace ya más de treinta años. Se trata de un trauma tan enquistado en nuestros cerebros que la isla lo aprovecha tomando nuestros recuerdos para materializarlos como un presente inacabado.«

La proyección de cientos de soldados, luchando o cayendo en el campo de batalla como en una película que se repite una y otra vez remite, inevitablemente, a «La invención de Morel». La condición insular del lugar donde se desarrolla la historia, y por lo tanto, la dificultad del escape, es otro de los rasgos en los que comparten ambas narraciones. Sin embargo, mientras que Bioy subordina lo increible a la acción de una máquina, Farrel deja que lo irreal evolucione según sus propias reglas. A pesar de que a lo largo del relato se van  deslizando posibles respuestas sobre qué es lo que pasa, la conclusión (si es que llega a haber alguna) queda en manos del lector. En la guerra solo lo irreal, lo esperpéntico y lo inentendible sirven para construir sentido.

Uno de los títulos más emblemáticos de la editorial independiente argentina Nudista, cuyo catálogo cada vez se ve más sólido y completo. 

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