¿Por qué leer «Persépolis», de Marjane Satrapi, nos ayuda a entender lo que está pasando en Afganistán?

Un tanto largo para mi gusto, el título no podía ser otro. Terminé de leer «Persépolis», la premiada novela gráfica de Marjane Satrapi hace un par de meses y le debía un post, que en ese entonces juzgué debía estar a mitad de camino entre reseña y ferviente recomendación. Con el regreso de los talibanes a los medios de comunicación (y por ende a nuestra atención) se ha convertido en esos artículos con tufillo a «como a través de la lectura podemos comprender nuestra caótica realidad».

La factura del extremismo religioso

«Persépolis» es una obra autobiográfica que recrea la niñez y juventud de su autora durante la década del 80 en Irán. Son años marcados por el ascenso del extremismo religioso tras la Revolución Islámica de los años 78/79 y la posterior guerra Irán – Irak. Los acontecimientos son narrados desde la voz – a veces cándida, a veces caústica – de una niña de 10 años. Marji, la protagonista, va creciendo en un mundo cuyas estructuras se desmoronan. Su indefensión, desconcierto e incluso incredulidad ante el espiral autoritario que se cierne sobre ella, en cierta manera replican los de toda la sociedad. Ante la violencia y el terror estatal, los ciudadanos no pueden comportarse de otra manera que como niños asustados. Y la respuesta del pueblo ante excesos no puede ser mas que infantil: enojo, desazón, rebeldía. Actos que no se pagan con una reprimenda ni un castigo menor sino con torturas, prisión o muerte.

Las ilustraciones, que destacan por su simplicidad y sobriedad, no se quedan en la mera sugerencia, sino que adoptan el estilo de la narración: una niña no utilizaría eufemismos ni circunloquios; llamaría a las cosas por su nombre y las mostraría tal cual se las imagina, libradas de todo lo superfluo. Justamente, en ese estilo conciso y enfático, radica gran parte del poder de esta obra.

fragmento Persépolis

Mujeres en el punto de mira

Es verdad que los acontecimientos históricos reflejados en Persépolis no pueden extrapolarse a lo que está ocurriendo actualmente en Afganistán. Huelga decir que son situaciones políticas con una genésis y un desarrollo propio. Pero hay un punto de contacto muy evidente y es donde la novela gráfica de Satrapi adquiere su valor testimonial y se acerca al aterrador momento que viven hoy en Afganistan los disidentes del regimen. A Satrapi no le tiembla el pulso a la hora de criticar como la «revolución cultural» se ceba con la libertad de la población y especialmente, sobre las mujeres.

Más allá de esta verdadera lección de historia en forma de comic, la narración aborda muchos de los temas del Bildungsroman, o novela de crecimiento. La reflexión sobre las religiones, la identidad propia, la tensión entre la verdad y la mentira o las relaciones familiares tienen un lugar destacado en el relato de la protagonista. Al enfrentarse a estos aspectos con el trasfondo de un entorno opresor, caótico e inestable, Marjane sufre una especie de madurez acelerada. Su personalidad inquisitiva y rebelde la harán posicionarse en la vereda opuesta al poder.

Huida hacia Europa

El surgimiento de un gobierno represivo no solo se salda con muertes y encarcelaciones, sino también con el exilio voluntario o involuntario de un significativo número de ciudadanos. En la historia de Marjane, son sus padres quienes, temiendo que se meta en problemas por sus ideas, la convencen de emigrar. Siendo parte de un entorno acomodado puede permitirse viajar a Suiza, para terminar sus estudios en un internado. La facilidad con la que Marjane llega a Europa nos habla de sus privilegios de clase; no hay interminables jornadas a través de campos plagados de muros ni soldados, campos de refugiados ni travesias suicidas sobre un mar impiadoso.

Tampoco será un camino de rosas, pues deberá enfrentarse a problemas: los estereotipos de su nuevo mundo, la soledad del emigrante y las propias dudas sobre su identidad. La forma en que la autora reflexiona acerca de la vida del inmigrante es otro gran acierto de esta novela gráfica. Se trata de un proceso trascendental en la vida de cualquier persona que lo atraviesa. Y sus consecuencias pueden ser muy fructíferas o todo lo contrario. Por ello veremos que la Marjani que regresa, años después, a Irán, ya no es la misma.

En definitiva, Persépolis se posiciona como una obra que trasciende sus circunstancias y que funciona como un espejo de algunos de los grandes retos de la sociedad en el final del siglo pasado y comienzos del que vivimos: la guerra (siempre inentendible), los gobiernos radicales de cualquier signo y color, las posiciones extremistas, la manipulación de los ciudadanos, las consecuencias del exilio y la forja de una identidad en un mundo caótico. Convertido ya en un clásico de su género y llevado al terreno audiovisual por la propia autora, Persépolis lo tiene todo para convertirse en una obra de referencia en los próximos años.

Una nota sobre el regreso de los Talibanes

Si uno fuera suspicaz, podría sospechar del tempo perfecto con el qué los talibanes volvieron a la consideración del público. Apenas un mes antes de que se cumplieran 20 años de su aparición estelar contra las torres gemelas, cuando todos nos habíamos olvidado de lo malos que eran. ¿Es posible que la historia tenga ese timing tan perfecto? A los medios no les vino mal, por supuesto, agotadas las historias de la pandemia tras dos años de machacar con el Coronavirus, nada como un regreso de ese villano que parecía acabado.

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